¿Yo, ambiciosa? Para nada: El diablo viste a la moda 2 y el deseo de éxito

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Película El diablo viste a la moda 2

Hay películas que una ve para entretenerse y termina viendo para cuestionarse. Eso me pasó con El diablo viste a la moda 2, la esperada secuela de la cinta de 2006 protagonizada por Anne Hathaway, Meryl Streep, Emily Blunt y Stanley Tucci.

Para variar, pospuse un poco ver el estreno. No suelo correr a ver las películas en cuanto llegan a las salas o a las plataformas; prefiero dejar que baje la emoción del momento y disfrutarlas con un poco más de calma.

Y quizá por eso pude detenerme en algo que me hizo reflexionar la película sobre mis propias contradicciones: la ambición, el deseo de reconocimiento y la manera en que juzgamos esos deseos, especialmente cuando se trata de una mujer.

El dilema en El diablo viste a la moda 2: Andy Sachs y su incómoda relación con la ambición

Una de las primeras cosas que me llamó la atención fueron los atuendos de Andy Sachs, interpretada nuevamente por Anne Hathaway. Me fascinaron.

Pensé: «Wow, luce espectacular incluso con el estilo más sencillo».

Y no esperaba menos de una película cuyo universo gira alrededor de la moda. El vestuario está cuidadosamente construido y funciona no solamente como elemento visual, sino también como parte de la identidad de los personajes.

Sin embargo, lo que realmente me intrigó fue otra cosa: la relación de Andy con sus propios deseos profesionales.

En El diablo viste a la moda 2, Andy ya no es aquella joven que llega ingenuamente a Runway buscando una oportunidad laboral. Veinte años después, se ha consolidado como periodista y trabaja en un medio de comunicación que representa aquello que siempre dijo querer: el periodismo serio, con una dimensión social. Pero, cuando pierde su empleo, termina regresando al mundo de Runway, aunque inicialmente se resiste a reconocer cuánto le interesa ese mundo que aparentemente le resulta ajeno.

Y ahí aparece la pregunta que me acompañó durante buena parte de la película:

¿Andy realmente rechaza la ambición o solamente se siente incómoda admitiendo que también la desea?

La negación de la protagonista de El diablo viste a la moda 2: «Es temporal», dice Andy. Ajá…

Después de perder su empleo, Andy recibe la oportunidad de regresar a Runway. Y aunque la propuesta resulta conveniente en un momento de incertidumbre profesional, ella insiste en que se trata de algo temporal, que no es exactamente lo que quiere y que su verdadera vocación está relacionada con otro tipo de periodismo.

Ajá.

Porque una cosa es lo que Andy dice que quiere y otra lo que empieza a defender con uñas y dientes cuando ya está dentro de Runway.

Y es precisamente ahí donde el personaje se vuelve interesante.

Por supuesto, hay razones concretas para aceptar el trabajo. Entre ellas, una bastante difícil de ignorar: el dinero.

El nuevo empleo le permite acceder a mejores condiciones económicas y a un mundo profesional lleno de contactos, eventos, prestigio y exposición mediática.

Entonces me pregunté:

Si realmente no le interesa ese mundo: ¿por qué una vez dentro, se esfuerza tanto por conservar su lugar en él?

La pregunta no es tan sencilla como parece.

Outfits de Anne Hathaway en El diablo viste a la moda 2
Outfits de Anne Hathaway en El diablo viste a la moda 2

El conflicto de Andy en El diablo viste a la moda 2: Valores vs deseo de reconocimiento

Andy ha construido su identidad profesional alrededor de la idea de ser una periodista seria. En la película incluso defiende públicamente la importancia del periodismo y su función social.

Pero, al mismo tiempo, existe en ella un deseo evidente de reconocimiento.

Quiere hacer bien su trabajo. Quiere destacar. Quiere conservarlo. Quiere que su trabajo tenga impacto.

Y, aunque quizá le incomode admitirlo, también disfruta de algunas cosas asociadas con el éxito: mejores ingresos, prestigio, contactos, presencia mediática y acceso a espacios que antes parecían lejanos.

Eso me parece mucho más interesante que reducir al personaje a una simple contradicción.

No considero que Andy sea un simple personaje que tiene un doble discurso moral. 

Quizá simplemente no se ha permitido reconocer todos sus deseos.

Incluso otro personaje le cuestiona su necesidad de obtener la aprobación de Miranda Priestly. Y sí, podemos argumentar que busca su validación porque Miranda es su jefa y una figura de enorme poder profesional.

Pero también podemos leerlo de otra manera: Andy sigue otorgándole un valor enorme al reconocimiento de alguien que representa precisamente el mundo profesional del que escapó en la primera película de El diablo viste a la moda.

Y ahí está el conflicto de trasfondo del personaje de Andy.

¿Yo, ambiciosa? Para nada… es la pregunta que me hice al terminar de ver El diablo viste a la moda 2

Mientras veía esa batalla interior de Andy, terminé haciéndome una pregunta bastante incómoda:

¿Yo, ambiciosa? Para nada.

Ajá.

Porque la palabra «ambición» tiene una carga particular. Muchas veces la asociamos con egoísmo, competitividad o falta de escrúpulos.

Y esa carga puede ser todavía más compleja cuando hablamos de mujeres, ya que durante mucho tiempo, el deseo de ocupar posiciones de poder, ganar dinero, alcanzar reconocimiento o construir una carrera exitosa fue mucho más fácilmente aceptado cuando provenía de un hombre.

En cambio, aunque actualmente parezca una creencia cavernícola, una mujer ambiciosa todavía puede ser juzgada con otros parámetros.

Si quiere crecer profesionalmente, puede ser considerada demasiado competitiva.

Si quiere ganar mucho dinero, puede parecer materialista.

Si quiere reconocimiento, puede ser acusada de buscar aprobación.

Si quiere poder, puede resultar incómoda.

Por eso me parece interesante que El diablo viste a la moda 2 coloque a Andy frente a una tensión que va más allá de la moda: ¿qué sucede cuando nuestros valores y nuestras ambiciones parecen entrar en conflicto?

Mi reflexión sobre El diablo viste a la moda 2: tener ambiciones no cancela nuestros valores

Creo que aquí está la parte que más me interesó de la película:

No necesariamente tenemos que elegir entre ser personas con valores o personas ambiciosas.

Podemos ser ambas cosas.

Podemos querer hacer un trabajo que consideramos significativo y, al mismo tiempo, querer ganar más dinero.

Podemos defender determinadas causas y también disfrutar del reconocimiento profesional.

Podemos querer ayudar a los demás y, simultáneamente, querer tener éxito.

Podemos incluso admirar determinadas figuras de poder mientras cuestionamos los valores que representan.

El problema no está necesariamente en tener ambiciones.

En general, mujer u hombre, podemos tener bastante claros nuestros valores, sí, y, a su vez, tener ambiciones, entonces quizá lo verdaderamente revelador sea qué tanto conflicto nos genera reconocerlas. 

Andy parece pasar buena parte de la película intentando convencerse de que el mundo de Runway no representa aquello que quiere. Sin embargo, sus decisiones muestran que existe una parte de ella que sí encuentra valor en ese universo.

Y eso, lejos de hacerla menos íntegra, la vuelve más humana.

Porque las personas somos contradictorias.

Anhelamos libertad y estabilidad; éxito y tranquilidad; dinero y un sentido de propósito; reconocimiento y pero también autenticidad.

Por lo que la pregunta crucial quizá no sea si está bien o mal querer esas cosas, sino qué hacemos con ellas y hasta dónde estamos dispuestos a traicionar nuestros propios valores para conseguirlas, justo como Miranda le hace pensar a Andy en una de las escenas, cuando descubre los planes ocultos de ella y Emily

Y ahí El diablo viste a la moda 2 deja de ser solamente una película sobre moda, periodismo y el regreso de personajes queridos.

Por ello, también la película puede leerse como una reflexión sobre el éxito, la identidad profesional, el reconocimiento y esa palabra que muchas veces nos cuesta pronunciar sin sentir que tenemos que justificarnos: ambición.

Así que, después de ver a Andy luchar con la suya, solamente puedo preguntarme:

¿Yo, ambiciosa? Para nada.

Bueno… quizá sí.

Y ustedes, ¿qué piensan? ¿Andy realmente rechaza la ambición o simplemente tiene dificultades para reconocer que también desea el éxito, el dinero y el reconocimiento?

Para reflexionar.

Por cierto, me tomó por sorpresa la participación de Simone Ashley interpretando al personaje de Amari Mari como la asistente personal de Miranda, porque Simone formó parte del elenco de una de las series más icónicas de Netflix: Sex Education, de la cual les compartiré mi perspectiva en otra reseña…  

Muchas gracias por leer Cine y Psico…, ¡hasta la próxima!

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